ME CHUPÉ
ESTRELLAS DE CARNE Y HUESO
Cuando me encuentro con estatuas de cera les hablo, sonrío y las abrazo. Cuando me encuentro con estrellas de carne y hueso...mi timidez sale a flote inconsiderada, violenta e impetuosa. Dicho en buen peruano, "me chupo".
Y para cada timidez siempre hay excusas, por su puesto. Aquí en este cielo americano.
Quién no quisiera encontrárselo. Una vez alborotó a todo el Perú. Compraron sus entradas y nunca llegó. Y sin embargo esta vez caminaba frente a la escuela de natación de mi hija. Yo acababa de dejarla y estaba cruzando la pista cuando lo vi. Mi primera reacción fue... ¡alejarme!. Y sólo entonces me di cuenta de que podía ser él. Era verano caluroso, estaba demasiado vestido con ropa negra y la cabeza cubierta. Espectro solitario y asustado. El blanco de su piel es fantasmal, transparente, parece de otro mundo. Y lo mejor de todo, yo no tenía que pagar para verlo. ¿Que hacia Michael Jackson aquí en Maryland?. No lo sé. No me atreví a pedirle un autógrafo. Tuve miedo de que no fuera él, sino su fantasma, por eso.
Y aunque éste no es tan famosos, muchos han de recordarlo. Hace poco en la sala de espera de la escuela de ballet de mi hija, lo reconocí. Era el actor viejo de "Daniel el Travieso" (Dennis the Menace), el vecino histérico que sufre con las travesuras de Daniel; esperaba a su nieta que estaba en clase con mi hija. Estaba sentado en una esquina de la sala, leyendo un libro sin levantar la mirada. Es muy blanco y tiene la nariz roja. Me ruboricé sólo de pensar en acercarme y decirle que lo había reconocido. Ni bien llegué a casa busqué en Internet y encontré que su nombre es Walter Matthau y, para gran sorpresa, murió hace seis años, a la edad de ochenta. ¡Tiene que ser un error!. He pensado en interrumpir su lectura la próxima clase de ballet y anunciarle que está muerto; pero no, no me atrevo.
Estarán de acuerdo conmigo en que este sí valía el bochorno. Sucedió que caminando apresurada por Manhattan, después de haber conocido la Estatua de la Libertad y el vacío de las Torres Gemelas, empieza a llover a baldazos. Con mi hija en brazos corro hacia el estacionamiento. Este tipo, con abrigo largo de color negro, pasa a grandes trancos y me da su paraguas: "tu lo necesitas mas que yo", me dice (en ingles). Quedo empapada de emoción. No tuve tiempo de preguntarle si era quien yo estaba pensando. David Schwimmer, sí, Ross en Friends. El paraguas, que también es de color negro, siempre se queda atrancado cuando lo abro. Ahora cavilo, si no hubiera habido aguacero él no se hubiera acercado para darme su paraguas; pero si no hubiera estado en carreras bajo el aguacero seguramente me hubiera atrevido a hablarle. O sea que todo fue culpa de las fuerzas de la naturaleza, claro que sí.
María es una antigua empleada de mi casa. El otro día me llamo para decirme que donde está trabajando ahora, en Nueva York, tuvieron como invitada a Julia Roberts para la cena. Le pedí detalles, me dijo que olía rico, que de cerca se le notaba pequeñas patas de gallo, que se saco los zapatos a la hora de entrar a la casa, y que habló con ella en un español masticado, que le pregunto de dónde era y todo. Casi la dejo sorda por teléfono a la María, ¿esta segura de que era ellaaaaaa?. Yo le hubiera pedido un autógrafo, le dije, hubiera juntado mi mejilla a la de ella y me hubiera tomado una foto, le recalqué. Le hubiera dado un beso. Y María me creyó.
Y en este último caso, pongo de testigos a mis hijas. La vimos en primera fila bailar, sudar y sonreír. Gabriella, de Sesame Street (la version gringa de Plaza Sesamo) aparece en el programa desde que tenia siete anos y ahora tiene 21. Estaba junto a Elmo, Oscar, Cookie Monster y Big Bird en el Sesame Place, en Pensylvania. En medio de la emoción de los niños y estando tan cerca, a ella hasta pude haberla tocado. Por un instante claro que me miró a los ojos. Había pagado mi entrada y tenía derecho, no era una casualidad. Pero no me atreví. A fin de cuentas es sólo un ser humano, pensé, y ese fue mi pretexto, esta vez.
El problema es que las oportunidades de hablar o tocar a una estrella siempre me agarran desprevenida, digo yo.
