CENA TRICULTURAL
La cena tiene lugar en el comedor de mi casa. Es una cena con titulo: My impresionante tricultural cena con invitados para celebrar el Shabat en my humilde home en Estados Unidos. Como a mi nunca me enseñaron a cocinar, y tampoco me gradue como ama de casa perfecta, me las he ingeniado para salir siempre airosa, aunque se me queme hasta el Cebiche. Por supuesto que es imposible pensar en un Cebiche quemado, pero en mi caso, casi casi es cierto.
Mientras afuera la nieve lo blanquea todo...Para empezar, el menu: cebiche como plato principal. No me maten, por favor!. Supongo que para la cena es una barbaridad, pero no es un pecado. La verdad es que he sido sincera con ellos y les he contado que Dios manda comer el cebiche en la playa con una Inca Kola al lado, y bien picante y todo, pero ellos no entienden, o no les importa. Alegan que es un platillo muy healthy, fantastic!. Y yo quedo como lo maximo de la cocina peruana.
Les presento a la mesa un platillo basado en pescado cocido con limon, sal, pimienta y un poco de aji (todo en cantidades muy decorosas, ni demasiado picante ni demasiado salado), lo mezclo con apio (los gringos adoran el apio, en las fiestas lo cortan crudo en pedazos largos y lo sirven como bocadillo acompañado de alguna salsita agridulce o algo por el estilo), y tambien lo mezclo con cebollita, como manda la ley, bien lavadita para que no tenga sabor muy fuerte.
La verdad es que tengo dos poderosas razones para preparar Cebiche para la cena. Numero uno: jueves por la tarde, como el pescado en el supermercado se ve fresco (lo cual no es muy usual) lo compro, lo pongo en el refrigerador (no en el congelador); el viernes por la noche: como ha estado casi 24 horas sin congelar, me veo obligada a prepararlo para que no se malogre. La segunda razon es practica, como no me gusta preparar pescado frito por considerarlo poco elegante y unhealthy! (ademas de que odio como salta el aceite hacia mi cara y mi cocina), y no se prepararlo de otra manera (alguna vez lo mezcle con condimento y lo puse al horno, pero como por arte de magia, comimos suelas de zapatos, no se por que!); mi unica salvacion (con musica gregoriana de fondo) es el Cebiche.
Pero esta no es la parte divertida, sino el momento de servirlo. Nuestra querida amiga Hilary no deja de decir estas tres palabras: Oh, it is so good! (perdon, cinco palabras), Shery, por su parte, repite lo siguiente: Oh, I am so happy to be here!. De verdad que me hacen sentir importante!. Pongo la fuente de Cebiche en el centro y alrededor un poco de carbohidratos esparcidos en otras fuentes: camote sancochado en rodajas con cascara y todo (sin animo de ser grosera, ellos sirven la papa al horno con cascara, porque habria yo de tener la delicadeza de pelar el camote para ellos?) y choclo sancochado (a ese si le quito la cascara, aunque a veces queda algun pelito). Luego digo que “please help yourself” .
Cuando veo que la reunion se esta desenvolviendo de manera amena, me relajo y procedo a poner una lechuga sobre mi plato y sobre la lechuga, el Cebiche. Shery, que me ha estado observando de reojo y no quiere quedar mal, pone rapidamente una lechuga en el plato de su esposo y vacia su propio Cebiche sobre la lechuga (siente que habia cometido una torpeza al no poner la lechuga de fondo y su nariz se pone roja como un tomate); realmente no tenia que hacerlo, fue una piuranada mia que se me salio de puro gusto!; le digo que “you don't have to do it, you are so nice!”, pero ella esta avergonzadisima de su falta.
Lo mas gracioso es ver a un judio preparando un sandwich de Cebiche utilizando la lechuga como si fuera el pan; lo malo es que el olor del jugo de limon mezclado con cebolla y pescado es fuerte y cuando se te chorrea sobre la camisa (cual ketchup), vas a quedar oloroso toda la noche, pobre Paul!. Para coronar, a Steve le encanta mezclar el jugoso Cebiche con la ensalada de lechuga (que esta aderezada con salsa italiana y vinagre balsamico), y lo pone en el mismo plato con un pedazo de Challa (pan judio de huevo) embadurnado con miel de abeja.
Finalmente me pongo nostalgica y recuerdo como en Peru seriamos capaces de morir por el jugo de limon final en el plato. Entonces me armo de valor y, y como estamos en confianza y no es una pedida de mano u otra de esas cosas serias y formales, les digo que compartire con ellos un secreto. Les prometo que es la mejor manera de saborear ese juguito de limon. Les advierto que no es algo que se haga en publico, pero que de chica mis hermanos y yo lo hemos hecho (y aun de grandes). Todos comprenden mi melancolia y dicen que “go ahead, do it, we are friends”, y entonces, con el permiso de todos; y de mi esposo, que ya sabe lo que voy a hacer: levanto el plato hasta mis labios y tomo ese jugo de limon (que aunque un poco dulzon para mi gusto acido piurano, ya me he acostumbrado). Y entonces, como en un ritual, ellos levantan sus platos y los acercan a sus labios, hacen lo mismo que yo; y dicen que si, que tengo razon, que de esa manera es mas rico y que de ahora en adelante ellos tambien son mis hermanos!.
Mi esposo me mira intranquilo de reojo desde su asiento, estara pensando que he puesto algun menjunje en la comida?.
