A doce horas de distancia

Relatos sobre Perú y Estados Unidos. Los dos lugares donde me ha tocado vivir. Anécdotas y experiencias. Cotidianidad. Nada profundo. Saquen sus conclusiones ustedes solos. No es educativo ni aleccionador.

jueves, julio 12, 2007

PENSAMIENTOS


Mi madrina es la dueña del mar azul de South Beach. Su casa es un rectángulo largo. Uno de los lados más largos se traga el mar. Mi madrina no gasta en cortinas: para que el mar pueda entrar todo el día, por los ojos. No gasta en cuadros, ni en pintura; compra un Windex diariamente, que es el líquido limpia vidrios que utiliza para que no se le empañe el inmenso azul.
Sin Horizonte
Al principio le habían ofrecido un Pent House en el piso 48, para que la línea del horizonte le divida el vidrio en dos partes iguales, pero ella no quiso la mitad del mar, sino todo. Por eso compró el Pent House del piso 60; entonces se adueñó del mar: desde el piso hasta el cielo raso.
Ese azul inmenso, sereno e inmaculado visto a través de su ventana (perdón, de toda su casa), no se ha borrado de mi mente; y tampoco otros detalles del día en que fui a conocer el Pent House que un día será mío (ella ha prometido heredármelo).
El ascensor
Al presionar el botón con el número 60, la puerta del elevador se cerró, e inmediatamente se abrió otra vez. No puede ser, también estos ascensores ultramodernos se malogran?!, pensé.Cuánto tiempo me tomara subir por las escaleras?. No podré hacerlo, moriré en el intento. Y mi madrina esperandome allá arriba y pensando que nunca llegaré. Quizás cuando toque a su puerta, ella diga que se ha cansado de esperar, que ahora es muy tarde y que mejor regrese mañana. Y si mañana se malogra el ascensor otra vez?. Mejor corro escaleras arriba, aunque me quede sin aliento y sude a chorros. Y si se muere hoy mi madrina, que está tan viejita?. Tendría que encargarme del funeral. No, mejor aviso a sus hijos. Mejor no llego. Quizás el no haber subido sea un golpe de suerte, para no encontrarme con su cadaver. Ahora mismo salgo por esa puerta de ascensor, atravieso el lobby sin mirar a nadie, camino serenamente sin voltear. Y cuando esté afuera, no miraré hacia arriba, hacia su ventana cerca del cielo. Nadie me ha visto. Fingiré sorprenderme cuando me den la noticia de su muerte. Dirán que había pasado más de dos semanas hasta que alguien se percatara de su ausencia. Y a los vecinos el olor los habrá hecho sospechar. Y yo haré como si no supiera nada, pobre madrina!, diré, que triste noticia!. Nadie sospechará... ahora es el momento...
Sólo un minuto
-- Madrina! (qué fuerte impresión verla frente a mí, sonriendo fresca y alegre), no tenías que bajar para recibirme!.
-- Bajar?, de qué estás hablando, my dear!
-- Oooooh!, madrina, estos asensores son tan rápidos como el pensamiento!

Haciendo cálculos mentales y mirando mi reloj, confirmé que el asensor demoró solo un minuto en llegar hasta el piso número 60, no se había malogrado!. Yo, por mi parte, me quedé un minuto más dentro del asensor pensando casi en cómo enterrar a la pobre madrina; menos mal que no lo hice, cuando estuve arriba, frente a la inmensidad, tuve mejores ideas...
Un rato después bajamos a la playa.

(P.D. No es verdad que voy a heredar el condominio, fue otro pensamiento ...por si aca!)

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