HAY CAMBIOS EN LA VIDA TAN DRÁSTICOS, YO NO SÉ...Cuando la peruana llegó a Maryland algunas cosas cambiaron, y aún hoy, después de cinco años, nadie se ha dado cuenta. La peruana, dos años de casada, con una hija aprendiendo a hablar y otra en la barriga, llegó a llenarse de sorpresas y a cambiarlo todo, ¡sin mala intención!.
¡¿Que la casa tenía que limpiarla ella sola, bueno, con la ayuda de su esposo!?¡, que la servidumbre es muy cara aquí en Estados Unidos y que los fines de semana son para poner aspiradora y lavadora a trabajar. "¡Qué gringos tan atrasados!, pensó ella, "en mi país no es necesario ser ricos para tener empleada con cama adentro y que se encargue de la cocina y de la limpieza. Allá los fines de semana son para ir a la playa o al campo con toooooooooda la parentela...".
La peruna no podía creerlo, a pesar de que su esposo le había advertido, antes de viajar, que iba a ser difícil adaptarse. Lo que no sabía el esposo era que el que iba a tener que adaptarse era él...y algunas otras personas.
Las primeras semanas la casa era un desastre. La mujer corría de aquí para acá recogiendo juguetes, moviendo la olla, cambiando la ropa de la lavadora a la secadora (después de dos días de olvido), llorando al cortar cebolla; extrañando a su mamá, y a la María, que llegó de la sierra y era ¡taaan servicial y tan buena!.
Lo peor fue cuando asistió a una cena en casa de unos amigos americanos. El lugar estaba impecable, la cena perfecta y deliciosa; los pisos, las cortinas y las alfombras brillaban de tan limpios, y todo estaba en su lugar. "¿Y quién ha hecho todo esto?", preguntó ella. "Mi esposa", contestó orgulloso el dueno de casa. La peruana pasó saliva y soltó un cumplido con un nudo en la garganta, ¿cómo puede haber hecho ella sola todo esto?. La esposa, psicóloga, con una nina de la misma edad que la suya; además de trabajar en su consultorio particular, se encargaba de la casa, la limpieza y la comida. Ella sola (bueno, con la ayuda de su esposo). Para colmo también tenía siete meses de embarazo, ¡igual que ella!.
Los argumentos para convencer al esposo de que era urgente contratar a una empleada se le esfumaron. "Que me la pasé toda la vida estudiando y por eso no aprendí nada sobre el hogar". Ejem, ejem, y... la amiga psicóloga cómo hizo?.
Por eso su primera impresión sobre la mujer americana fue insuperable... bueno, aunque a estas alturas ya la superó...
Ella no lo convenció al marido, sino la casa, que era un poquito muy grande y estaba un poquito muy desordenada. Contrataron a una colombiana viuda, amable y con tres hijos en su país que necesitaba un hogar cálido. Le pagaron bien y no se fueron a la quiebra, todo era cuestión de decidirse. Y el mundo empezó a girar de manera normal, y todo fue tranquilidad, paz, orden, comida casera (más o menos rica), etc.
Los amigos preguntaban como es posible tener privacidad con una persona extraña en la casa. Ja, con eso de que los gringos se preocupan por la privacidad, la autosuficiencia, y la independencia. La peruana se dedicaba a sus niñas, a su trabajo, a su arte, a sus actividades...Y la familia fue feliz, muy feliz. Ella nunca estaba cansada y de mal humor, y la familia siempre unida. Gran parte del tiempo, de vacaciones en la playa, en el campo... Y la empleada colombiana qué bien que se la pasó, pues la llevaron con ellos a todas partes.
Sin embargo, después de tres años en este país, la peruana asimiló los conceptos americanos. Despidió a la colombiana porque se sentía invadida en su propia casa. Dijo que si otras mujeres podian ser perfectas hasta el punto de ser profesionales, a la vez buenas esposas y amas de casa, ¿por qué ella no seria capaz de hacerlo?.
La psicóloga, por su parte, estuvo a punto de divorciarse por incompatibilidad, siempre discutiendo con el marido, ambos exhaustos al final de cada jornada de trabajo, sufriendo con las niñas malcriadas al recogerlas de las guarderías, etc., etc., etc. Felizmente solucionaron sus diferencias. La psicóloga lo convenció para contratar una persona que llegue los jueves a limpiar la casa (la misma persona que, los miércoles, limpia la casa de la peruana). "Bueno, es que un poquito de ayuda nunca está de más... y lo que es mejor, no interfiere con la privacidad, independencia y autosuficiencia que deben conformar la imagen de toda mujer que vive en America!, dice ella.