MANUAL DEL CONDUCTOR
(Parte II)
Giré el timón 90 grados, y luego otros 90, cuando me di cuenta de que el carro negro no me habia seguido, sino que estaba escapando. Tenia que perseguirlo.
Por suerte no había mucho tráfico en esa pequeña intersección y no había avanzado ni media cuadra antes de dar la vuelta en U. Fiel a mis principios, recordando mi manual de conductor por segunda vez, y a pesar del pánico y la sorpresa, tuve que ceder amablemente el paso a un raudo Ferrary rojo para evitar que me arrolle. Ahí estaba yo, doblando a la derecha para ingresar a la gran avenida. Perseguidora, yo, del auto negro con su conductor latino regordete, con bigotito mejicano o salvadoreño y corte de pelo bien cortito. La pista estaba mojada, la gran avenida se levantaba en frente de mí y sin embargo no había rastro del transgresor. Había avanzado media milla (una cuadra) cuando vi que el auto negro regresaba en dirección contraria y pasaba por mi lado sin apuro. "Se arrepintió!". Con la confianza recuperada en los hispanos inmigrantes que vienen a este país a buscar trabajo y progreso y no a causar perjucios, suspiré aliviada. “Claro, se dio cuenta de que había obrado mal, reflexionó”. Doblé en medio de la avenida pasando sobre las lineas amarillas pintadas en el pavimento (después de todo era una emergencia que podría yo luego explicar a la policía si fuera necesario, y como el hombre estaba arrepentido no debía hacerlo esperar). El auto negro iba sin apuro y dobló a la izquierda, leí sus pensamientos, me sentí conectada nuevamente, como cuando recién me chocó y me miró con cara de miedo a través del espejo retrovisor; estaba segura de que él quería actuar correctamente: intercambiar información sobre seguros, llamar a la policía para el reporte, y esas cosas. Lo perdí de vista voluntariamente, por un minuto, (creo que fue un voto de confianza), pues necesitaba esquivar a los autos que venían en dirección contraria a toda velocidad. Mi meta era demostrarme a mí misma que no era una imbécil.
Después de ese efímero minuto corroboré mi impresión de que el conductor del auto negro había recapacitado. Mientras yo doblaba a la izquierda para entrar a la misma intersección donde él había entrado, éste salía, para darme cara. La pequeña intersección no tenía salida pues conducía a una comunidad de edificios por departamentos, lo que acá llaman Town Houses, y él auto negro se acercaba en dirección a mí. El hombre era honesto, ya ven!, y luego la gente con tanto prejuicio contra los latinos!.
Entonces me di cuenta de que no se dirigía a mí. Se disponía a entrar a la gran avenida con mucha calma y desparpajo, dejándome atrás nuevamente. "Se arrepintió de ser bueno", pensé, "se asustó, se aterrorizó o... simplemente se dio cuenta de que estaba literalmente en un callejón sin salida pues todo este tiempo había estado tratando de escapar". En esos momentos traté de comprender su inseguridad, su baja autoestima, su condición de ilegal...sin embargo...le cerré el paso sin contemplaciones mientras mis temblorosas manos marcaban el 911 en el celular. Paré mi auto formanto la letra "T" con el de él. Estaba dispuesta a darle una lección de que las cosas deben ser rectas en este país y en cualquier otro. Le hice señas que esperara y le señalé el celular. Grité como loca a la policía que vengan pronto, que el auto que me había chocado había tratado de huir pero que yo lo había intersectado y que lo tenía atrapado!. Les grité el número de la placa, por si se escapaba. Dijeron que vendrían pronto. También llamé a mi esposo.
Pasaron cinco minutos, quizás diez...luego 15, a lo mejor un año. El auto negro no se movía, había aceptado su suerte, tenía que afrontar las consecuencias de sus actos. Iba a dar la cara. Algo de eso que llaman orgullo hispano debía tener!. Por último, si se arrepentía otra vez y trataba de huír, ya tenía el número de placa. Fue entonces cuando trató de escapar por segunda vez y giró hacia la izquierda, o sea hacia la parte posterior de mi auto, y entonces yo retrocedí y lo bloqueé por segunda vez (una persecusión como esta sólo la había visto en televisión y ahora era yo la protagonista, a fin de cuentas no era tan dificil, se trataba de mi orgullo herido). "Si me dejara ver su cara, sabría si está realmente arrepentido o asustado". Su rostro se me había quedado grabado...Pero esas lunas polarizadas no me dejaban verlo.
Al fin el hombre bajó el vidrio de la puerta y me preguntó furioso cuál era el problema. Era un negro enjuto, alto hasta el techo de su carro. El carro era azul oscuro pero a mi me parecio negro. Para que no pensara que estaba loca le grite que él acababa de golpear mi carro. Debío darse cuenta de mi cara de sorpresa cuando vi que el parachoques delantero de su auto estaba intacto. Y luego miré a mi parachoques posterior y no se ve estaba abollado. El negro viejo furioso me dijo que estaba haciendolo perder el tiempo, anotó la placa de mi auto y dobló hacia la gran avenida sin mirar atrás. Todo había sido producto de mi imaginación?, una alucinación?.
Un minuto despues llego mi esposo (antes que la policía) y constató que la maletera del carro se había atascado por el golpe y que era imposible abrirla. Desde ahí, hasta dos semanas despues en que el seguro aprobó pagar 500 dólares para repararla, tuve que acostumbrarme a dos cosas: los ruidos de un auto destartalado que se veía muy bien por fuera, y al color negro de absolutamente todos los autos en mi camino, en ambas direcciones, y todos ellos conducidos por un hispano con bigotito tipo ecuatoriano o boliviano o peruano...
