A doce horas de distancia

Relatos sobre Perú y Estados Unidos. Los dos lugares donde me ha tocado vivir. Anécdotas y experiencias. Cotidianidad. Nada profundo. Saquen sus conclusiones ustedes solos. No es educativo ni aleccionador.

martes, mayo 15, 2007

ESTA VULNERABILIDAD

Quiero estar de vuelta, pero aún no lo sé. Quisiera no sentirme culpable cada vez que escribo algo y no blogueo, bloggeo, blogeo. Quisiera tener un minuto para escribir y que no me atormente el minutero del reloj electrónico. Quisiera que me gusten mis escritos y que no me arrepienta de escribirlos y que no los abandone antes de publicarlos. Quisiera no haber leído a alguien que me resultó gracioso e inteligente, y me hizo sentir tan chiquita y estúpida. Quisiera no ser tan alérgica a esta primavera que ya empezó a picarme en los ojos. Ni a los cortos y fríos días del invierno que me oscurecieron el ánimo.
Sobre ese frío invierno, pido disculpas, había querido explayarme, pero el SAD me lo impidió. Me lo diagnostiqué el día que terminé de escribir mi post titulado "Invierno Sólido" sobre mi claustrofobia en mi propio hogar (suena a paranoia e hipocondria). "El Seasonal Affective Disorder es una depresión de invierno causada por la falta de rayos solares", dicen los especialistas. Ahora entiendo, es que vivo en un país muy desarrollado, hasta la depresión es desarrollada y, ojo, es directamente proporcional a la cantidad de grasa corporal de la gente. O sea que si te deprimes en este país, te pones más gordo (da). Ja, quien me conoce que me imagine gorda. ¡Que no cunda el pánico!. Soy la excepción. No subí ni un gramo. Me autodiagnóstiqué el susodicho SAD. Saqué mi valor material más preciado, la computadora, al sol. Y mis valorísimos valores más preciadísimos, esposo e hijas en una maleta (para dármelas de interesante) y me fui a Florida para curarme de la estación. Ja. Armé un escándalo, le hablé a todo el mundo del tema. Encontré a más de una que me dijo con desparpajo: "chócatela!", yo también lo sufro. Y me curé. Luego leí que el asunto ataca mayormente a las mujeres (lo que pasa es que los hombres se quedan callados y se lo aguantan. Pero yo no soy hombre). Y también leí que hablar sobre el tema ayuda a curar. Y tuve suerte porque lo diagnostiqué casi al final del invierno y cerca de semana santa, así que la pasamos bien allá en la Sunny Florida, aunque llovió durante tres días. Aquí en Maryland el invierno se entercó y se quedó un poco más de lo debido, y se acompañó de una tormenta feroz en toda la costa este, incluyendo DC y NY. Que para colmo de males hizo volar el trampolín de las niñas por los aires y quebrarlo contra un árbol, mientras el agua de la piscina en Florida empezaba a aburrirse de nosotros. Y las niñas empezaron a extrañar la escuela, y el celular de la directora del colegio interrumpió una jugada espléndida en el mini golf de la esquina para preguntar si "is everything all right?". Y regresamos. Pero no he podido escribir algo desde entonces porque ya no me gusta lo que escribo. ¿Será eso un efecto lateral del SAD, que ataca a 15 millones de americanos? (y a una peruana, no me tomaron en cuenta los estadistas).
Lo cierto es que estaba pensando también en todas aquellas personas que conozco y que no tienen un blog (que no es otra cosa que una columna para un periodista sin columna, dijo un famoso periodista con columna) pero sí toman tranquilizantes. Mi blog es mi terapia, escuché a una esposa explicándole a su esposo, --Unos necesitan alcohol, otros drogas, otros medicamentos, yo necesito mi blog-- decía la mujer. Y es cierto. Sólo que como las drogas, los medicamentos y el alcohol, el blog puede ser adictivo. De manera que cuando de pequeña me prometí a mí misma nunca tener vicios no sabía nada de los blogs, porque no existían, así que no debería sentirme culpable. Y tampoco sabía que la modernidad tiene un extraño vínculo con la depresión. Que el pólen hace llorar. Que el frío golpea y tumba. Que el calor no deja respirar y hasta mata. Todo eso estoy aprendiendo.
Y que tener "un poquito" mas de treinta años no me inmuniza contra nada. Sobre todo si estoy casi lejos...¿no Marce?).