A doce horas de distancia

Relatos sobre Perú y Estados Unidos. Los dos lugares donde me ha tocado vivir. Anécdotas y experiencias. Cotidianidad. Nada profundo. Saquen sus conclusiones ustedes solos. No es educativo ni aleccionador.

miércoles, mayo 10, 2006

Los angels son rubios y veranean en Cancun
Las conferencias empezarian el lunes, entonces pense que seria bueno adelantar el viaje para estar alla desde el sabado y poder disfrutar (con anticipacion al trabajo) de ese mar color turquesa de Cancun. Reserve una habitacion que me costo 100 dolares por una sola noche, la agente de viajes dijo que no habia tarifas mas economicas frente al mar. Y pague, aunque sabia que a mi regreso tendria que pedir credito en la cafeteria por un mes, para almorzar. Como la empresa cubria todos los gastos de hotel a partir del lunes a mediodia, solo me quedaba la noche del domingo en el aire, 100 dolares era bastante, 200, demasiado. Asi llegue a ese rincon del caribe mejicano. Habia colegas de muchos paises, y todos estaban mas interesados en el duo mar y sol que en las conferencias. Pero eso fue despues. En ese momento la pregunta era ¿a donde iba yo a pasar la noche del domingo en un pais que no era el mio y sin nadie conocido a quien pedir posada?. La respuesta no me preocupaba. Como si subitamente hubiera dejado de tener conciencia, y hasta ahora no lo entiendo. Estaba disfrutando de la frescura de una de las piscinas (ejem) de ese maravilloso hotel --donde el desayuno habia sido esplendido--, cuando se me presento (era domingo por la manana y ese medio dia debia dejar el hotel): era una chica de cabello rubio con acento claramente argentino. Me dijo que me habia visto sola desde la cena, la noche anterior, y que como ella tambien estaba sola, podriamos juntarnos. Yo le dije que perfecto. Asi, caminamos por la playa varias horas admirando las hermosas construcciones de la zona hotelera que parecian haber sido construidas para los angeles. La arena blanca de coral me tenia abismada. El mar transparente era increible a mis ojos. Y esos mejicanos del hotel piropeandonos y siriviendonos toda clase de manjares y bebidas deliciosas, no habia duda, era el paraiso. Salimos de compras y nos tomamos fotos luciendo esos sombreros enormes de charros mejicanos. Regateamos y nos dieron descuentos. Nos perdimos, nos volvimos a encontrar. Yo le conte que tenia un novio, que habia hablado por telefono conmigo la noche anterior, y que nuestro sueno era tener una hija cuyo nombre seria, coincidentemente, el mismo de ella (la nina tiene ahora cinco anos). A estas alturas mi equipaje estaba ya en su habitacion del hotel, que por ser temporada baja, tenia dos camas. Esa noche dos americanos rubios y de ojos azules se nos acercaron y con ellos conversamos hasta muy tarde en el bar. Mientras mis pequenas vacaciones se acababan, ellos tres hacian planes para ir a bucear al dia siguiente. A la hora de irnos a dormir prometi que me escaparia de las conferencias para encontrarnos otra vez. En su habitacion, casi no dormimos hablando. Me conto, entre muchas otras cosas de su novio. Hablamos de la vida, del amor, de la amistad. Nos contamos historias, anecdotas, experiencias. Al dia siguiente me levante temprano, pedi un taxi que me llevo al otro hotel (mas hermoso aun y con todo pagado) no muy lejos de alli. Y me escape, el segundo dia, cuando en la sala de conferencias habia solo cuatro gatos; y por la ventana se veia a los demas tomando sol en la playa como si con descaro estuvieran diciendo: Cancun es para veranear, no para trabajar. Entonces camine en retroceso y sali corriendo, tome ese bus, unica via que recorre el boulevard Kukulcan y pasa por enfrente de todos los hoteles, y llegue. Subi directamente a su habitacion pero vi salir de ahi a una pareja de esposos de mayor edad. Fui a preguntar a la recepcion, alli me dijeron que no habia ninguna persona registrada en el hotel con ese nombre. Pregunte por la persona que estuvo registrada el dia anterior en esa habitacion y me dijeron que habia sido la misma pareja. Pregunte por los chicos rubios y de ojos azules, tampoco los encontraron en los registros. Sali al area de las piscinas, al restaurant bufette (donde todo era delicias), y nada. Ni rastro. Yo lo unico que queria, en ese momento, era pedirle su direccion de correo electronico para intercambiar las fotos que nos tomamos, y para poder seguir siendo amigas. Pero no la encontre.