La comida no se olvida...Sobre cómo una mujer extrana tanto la comida peruana...La culpa la tiene mi madre, porque ella me dio de comer los primeros 22 anos de mi vida. Y desde entonces siempre tengo que comparar sabores y sazones. Otro poco de culpa la tiene mi padre, que nos llevaba a Catacaos, a sus 11 hijos y a mi madre, en su Opel color mostaza, cada domingo a comer piqueos y tomar chicha en poto. Estoy convencida de que cuando la comida es buena, nunca se olvida. De mis primeros meses en este país, Estados Unidos, lo que mas recuerdo es que los sabores eran extranos. Por ejemplo, intente con todos los tipos de pescado para preparar un ceviche, pero nada. El limón se llama Lemon y es dulzón y amarillo y grandote y no curte el pescado, que por su parte se resiste a ser cocido por limón y no por fuego. Hasta que descubri que lo mas parecido a nuestro rico limón (ni de cerca parecido al limón de San Lorenzo) es lo que aca se llama lime, no es tan acido, pero engana. Y también encontré un pescado llamado Telapia, que tiene la carne blanca y no es reacio a entablar una reacción química con el lime, la sal, la pimienta y el aji. Así que advertí a mi paladar que no fuera tan exigente y que cerrara los ojos a la hora de probarlo. Mi esposo dice que es el mejor ceviche que ha comido en su vida, que es mejor que el peruano, pero yo no creo mucho en la opinión de un americano (en materia de ceviche). Como no me doy por vencida, lo convencí de ir a un restaurante peruano en Maryland, de donde salí jurando que nunca volvería, pues nunca olvidare mis dientes masticando unas presas de ceviche mal descongeladas. Y cumplimos la promesa de ni siquiera pasar por allí otra vez. Un ano y medio después fuimos a otro restaurante peruano en el estado de Virginia, nos habían dicho que era uno de los mejores. A mi esposo se le descompuso el estomago y yo solo puedo recordar los cuadros de Machu Picchu que tienen en las paredes. Y por ultimo, por recomendación de una amiga muy querida, que vaya a la sucursal de un restaurante peruano que hay en San Isidro, Lima, y que funciona en Miami; pues la comida se me olvido por completo, pero recuerdo la cara de palo de los mozos altos y peruanos. Y en esto coincidieron los tres restaurantes, los mozos eran demasiado serios y nada carismáticos. Es que asi somos todos los peruanos?. Para consolarme, encontré una tienda latina, y ahí, a veces, compro olluquitos enlatados, aji escabeche envasado en un pomo de vidrio transparente, chifles en bolsa y rocotos en lata. No es tan malo, solo tienen sabor a envase. En el área de comidas extranjeras de algunos supermercados he encontrado cosas como trigo peruano, quinua, mote pelado (esto es increíble), arvejas verdes; y esto me permite intentar preparar alguna comida de la sierra piurana de donde mi mama heredo sus habilidades culinarias. Lo que hasta ahora no encuentro es el Tuco y la mayonesa con el sabor de casa, nada parecido en ninguna parte del mundo. No quiero hablar del pavo, ni del pato, ni del cerdo, ni del pollo; pues eso me recodaría a gritos el delicioso pavo al horno de navidad preparado por las manos maternas, los chicharrones y la rellena frita que prepara el esposo de mi hermana cuando voy de vacaciones, y el arroz con pato. Y es que las carnes también tienen sabores y consistencias muy entranas, en este pais, ni siquiera las puedo describir. Solo diré que cada vez que como pollo, no quiero ni olerlo antes de que haya pasado una semana. Las latas de filete de atun las traigo de Peru, una vez al ano, para preparar Causa Rellena. Supongo que yo soy muy exigente y subjetiva. Quizas la gente normal no sufre tanto así. He cumplido cuatro anos en este país y he sobrevivido, en el siguiente articulo explicare por que.

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