A doce horas de distancia

Relatos sobre Perú y Estados Unidos. Los dos lugares donde me ha tocado vivir. Anécdotas y experiencias. Cotidianidad. Nada profundo. Saquen sus conclusiones ustedes solos. No es educativo ni aleccionador.

miércoles, setiembre 26, 2007

OJOS DE CIELO GRIS

Ana Elena lo llevó a un lugar de la ciudad donde sabía que verían a los mismísimos ángeles. Y los encontraron, a los ángeles. Los vieron. Los palparon. Los besaron. Los respiraron.

El cielo gris limeño parecía haberse confoabulado con el frío de julio. Rick ya no recordaba la ciudad donde había nacido, ahora era un visitante con acento americano. Lima la Horrible era ahora su refugio. Ahí estaba en una fiesta en La Molina. Y Central Park estaba ya muy lejos, desde hacía dos meses, con sus noches y sus sombras.

La noche anterior Rick le había dicho a su amigo que se iba de la fiesta, con Ana Elena, que lo llevó al paraíso. A la mañana siguiente, a las tres de la tarde, había despertado en la cama de ella con el edredón rosado en el suelo. Ella venía de la cocina trayéndole un desayuno celestial en un azafate pintado con motivos incaicos. Vestía una bata de seda blanca. Parecía un ángel en contra luz. Hablaba de llevarlo a Barranco el próximo fin de semana. Sonreía con una chispa en los ojos que él no habia visto la noche anterior.

El por respuesta la odió. Pensaba en los últimos dos meses de rehabilitación contra las drogas, había creído que esta vez sí iba a lograrlo.

Se vistió sin decir nada. Y se fue.